Bendito Fantasy

Mundial 2026 · Leo Darutto

Saber sufrir

México cayó ante Inglaterra en uno de los mejores partidos del Mundial, obligando a los ingleses a resistir hasta el último segundo.

Saber sufrir

México tenía la pelota; Inglaterra encontraba el espacio.

México e Inglaterra nos regalaron uno de esos partidos que no se olvidan. Un clásico mundialista. Una noche en la que México, su afición, su estadio y su selección se despidieron del Mundial.

Pero el partido empezó mucho antes del primer silbatazo. Empezó en las calles, con la batalla de cánticos entre mexicanos e ingleses. Empezó en los micrófonos, con periodistas de ambos lados calentando una previa marcada por la queja inglesa de tener que jugar en la altitud de la Ciudad de México.


En el trámite del partido, México fue dueño de la posesión durante largos pasajes. Tuvo la iniciativa, empujó a Inglaterra hacia su propio campo y obligó a los ingleses a defender mucho más cerca de su portería de lo que seguramente hubieran deseado.

Pero Inglaterra nunca perdió del todo el control.

Una cosa era ceder la pelota y otra muy distinta era ceder los espacios.

El plan inglés fue claro: defender con orden y castigar cada recuperación con transiciones veloces. Anthony Gordon y Bukayo Saka, titulares juntos por primera vez, fueron claves para convertir cada robo en amenaza. Jarell Quansah, por su parte, tuvo la misión de controlar a Julián Quiñones.

México tenía la pelota; Inglaterra encontraba el espacio.

Pero la resistencia inglesa tuvo un nombre propio desde muy temprano: Jordan Pickford. El guardameta firmó una actuación extraordinaria que terminó siendo tan importante como los goles de Jude Bellingham. Su intervención más espectacular llegó en el primer tiempo, cuando Raúl Jiménez conectó un impecable remate de cabeza de palomita que parecía destinado a colarse junto al poste. Pickford se estiró cuan largo es para sacar el balón con la punta de los dedos y mantener el empate. No sería la única. A lo largo de la noche volvió a aparecer en los momentos decisivos para impedir que México encontrara el gol cuando más cerca parecía estar de hacerlo.


En el primer tiempo, los ingleses golpearon dos veces. Jude Bellingham apareció dos veces tras servicios de Bukayo Saka y Harry Kane. De pronto, el famoso quinto partido parecía enterrado bajo la contundencia inglesa.

Pero México supo sufrir.

Antes del descanso, Julián Quiñones apareció precisamente en el duelo que Inglaterra había intentado controlar desde el inicio. Su gol cambió el ánimo del estadio: el 2-1 devolvió a México a la conversación.

El segundo tiempo todavía guardaba más emociones. Al minuto 54, Quansah realizó una entrada imprudente que, tras revisión del VAR, terminó en roja directa. Inglaterra se quedaba con diez hombres y, después de tantos días hablando de la altura y del Azteca, jugar más de media hora en inferioridad numérica parecía una losa imposible.

Sin embargo, Inglaterra volvió a demostrar por qué los grandes equipos saben sufrir.

Un despeje largo encontró a Kane, quien prolongó de cabeza para Gordon. El extremo ganó la carrera al arquero mexicano, provocó el penal y Kane lo convirtió con serenidad para poner el 3-1.

México volvió a levantarse. Recuperó la iniciativa, encerró a Inglaterra y encontró un penal polémico que Raúl Jiménez convirtió con autoridad para darle vida al partido.


Inglaterra dejó de jugar para empezar a sobrevivir.

A partir de ese momento, Inglaterra dejó de jugar para empezar a sobrevivir.

Las piernas pesaban. Los pulmones quemaban. Bellingham, motor del equipo durante gran parte del encuentro, terminó exhausto, pero nunca dejó de correr. México se volcó al ataque, jugó por primera vez con dos nueves y obligó a Thomas Tuchel a reforzar su última línea con Djed Spence y Dan Burn.

El problema para México fue que el dominio territorial nunca encontró suficientes caminos hacia el gol. La urgencia terminó empujando al equipo a abusar de los centros laterales, un recurso que favoreció a las torres inglesas.

Al final, México intentó con todo lo que tenía, pero no le alcanzó ante un equipo inglés demasiado ordenado para romperse por completo. Aun así, haber obligado a una potencia mundial a terminar agazapada en su propia área, defendiendo con diez hombres y sacando cada balón como si fuera el último, habla muy bien del fútbol desplegado por el seleccionado tricolor.

Después vinieron las imágenes que también construyen la memoria de un Mundial: aficionados mexicanos aplaudiendo y felicitando a los ingleses, Bellingham intercambiando su camiseta con la promesa mexicana Gil Mora, y una afición que se marchó con el corazón roto por quedarse otra vez en el camino, pero con la paz de saber que su equipo dejó absolutamente todo en la cancha.


Implicaciones Fantasy

Jude Bellingham confirmó que está hecho para las grandes noches. Sus dos goles lo consolidan como uno de los activos Fantasy más fiables del torneo.

Jordan Pickford también recordó por qué sigue siendo una alternativa muy seria bajo los tres palos. Sus atajadas sostuvieron a Inglaterra durante los momentos de mayor presión y podrían devolverlo a la conversación entre los porteros más interesantes del torneo.

Anthony Gordon también dio un paso al frente. Fue desequilibrante, atacó constantemente el espacio y provocó el penal que terminó inclinando la eliminatoria. Si mantiene la titularidad, su valor Fantasy crecerá de forma importante.

Bukayo Saka dejó claro que sigue siendo una pieza capaz de producir retornos cuando dispone de minutos desde el inicio, mientras que Harry Kane volvió a demostrar por qué nunca deja de ser una opción premium: asistió, convirtió el penal decisivo y ejerció como líder ofensivo.

Si Inglaterra mantiene este once, cuatro de sus principales activos Fantasy salieron reforzados de una de las pruebas más complicadas del torneo.


Espantapájaros

El destino tiene un curioso sentido del humor.

Después de sobrevivir a una batalla en la Ciudad de México, Inglaterra recibirá un premio poco envidiable: enfrentarse al hombre que mejor conoce su liga.

Harry Kane acaba de demostrar por qué sigue siendo uno de los grandes goleadores de esta generación. Pero del otro lado aparecerá Erling Haaland, el delantero que llegó a Inglaterra para romper todos los registros posibles.

Será un duelo entre dos maneras distintas de entender el gol. Kane, el delantero que baja, construye y aparece en el momento justo. Haaland, el depredador del área, capaz de convertir medio metro de ventaja en una sentencia.

No será sólo Inglaterra contra Noruega.

También será la Premier League enfrentando a dos de los delanteros que mejor han definido su última década. Y, si el Mundial sigue premiando a quienes saben sufrir, el próximo capítulo promete ser todavía mejor.

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